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Yogur e intolerancia a la lactosa

Digestibilidad del yogur e intolerancia a la lactosa

El yogur común es la leche fermentada por la acción de dos bacteriasLactobacillus delbrueckii bulgaricus y Streptococcus thermophilus.

Esta fermentación controlada y posterior refrigeración del yogur, permite mantener vivas las bacterias, lo que se traduce en beneficios para la salud.

El yogur pasteurizado no necesita frío porque se ha “esterilizado” el contenido del yogur, de forma similar a cómo se pasteuriza la leche típica.

Estos no son yogures ya que no contienen bacterias vivas -son postres lácteos-. Tampoco presentan los beneficios que pudiera tener éste.

Como veíamos en la entrada de intolerancia a la lactosa, no es tan frecuente en nuestro país como se dice.

Además, el consumo de alimentos sin lactosa favorece que se deje de producir lactasa -la enzima que digiere la lactosa-, por lo que se favorece que a medio plazo no se pueda digerir y se desarrolle intolerancia.

La mayoría de personas que deciden eliminar de su dieta los alimentos con lactosa, suelen eliminar el yogur porque creen que éste también contiene lactosa y puede producir molestias digestivas.

Los organismos vivos añadidos a la leche para fabricar el yogur, digieren gran parte de la lactosa de la leche.

De hecho, el yogur resulta ser un alimento útil para mejorar la digestión de lactosa

Los cultivos vivos del yogur o de la leche fermentada mejoran la digestión de la lactosa del producto en las personas con problemas para digerir la lactosa.

El producto -sea yogur u otra leche fermentada- debe contener un mínimo de 108 unidades formadoras de colonias (u.f.c.) por gramo de los microorganismos vivos Lactobacillus delbrueckii bulgaricus y Streptococcus thermophilus.

Sobre el uso de otros tipos de bacterias -como el conocido Lactobacillus casei imunitas– no existe un consenso ni evidencia demostrada.