Cerebro

Glucosa y cerebro

Glucosa y cerebro

La glucosa es el combustible del cerebro

Metabolismo de la glucosa

El cuerpo obtiene la glucosa a partir de la digestión de los hidratos de carbono de la dieta.

Los diferentes hidratos de carbono ingeridos son transformados en glucosa tras la acción de las diferentes enzimas digestivas. Ésta es absorbida y distribuida a través de la sangre para los diferentes tejidos y órganos.

El nivel de glucosa en sangre se mantiene dentro de unos márgenes mediante la homeostasis, conjunto de procesos corporales destinados a mantener la regulación interna.

En ese mantenimiento de niveles de glucosa participan principalmente dos hormonas:

  1. la insulina -que produce disminución de glucosa en sangre- y
  2. el glucagón -que libera glucosa al torrente sanguíneo-.

Aunque otras hormonas como la testosterona o la adrenalina también producen aumento de glucosa en sangre.

Durante la digestión, la insulina ayuda a regular que no se produzcan niveles de glucosa demasiado elevados en sangre.
El glucagón se libera por ejemplo en situaciones de ayuno o de ejercicio, lo que asegura que si se consume la glucosa sanguínea se reponga de nuevo a sus niveles normales.

El cuerpo transforma parte de la glucosa sanguínea en glucógeno, que se almacena -en pequeña proporción- en músculo e hígado y permite disponer de energía bastante rápidamente; y en grasas, lo que en términos biológicos significa una reserva energética disponible a largo plazo.

 

Necesidades energéticas del cerebro

El cerebro consume más glucosa durante las tareas mentales intensas. Algunos estudios muestran que bajadas de glucosa afectan al rendimiento del cerebro y sus funciones: memoria, aprendizaje, atención, etc.
Por eso es tan importante mantener un nivel de glucosa óptimo que  permita mantener una adecuada función del cerebro, una de las razones por la que es aconsejable comer con regularidad.

Otros estudios muestran que la administración de glucosa -normalmente en forma de bebida- resulta en mayor atención, memoria a corto plazo, memoria espacial y verbal.

Las tareas mentales intensas parecen responder mejor a la glucosa, motivo por el que se recomienda siempre realizar un desayuno que contenga alimentos ricos en hidratos de carbono.

Para asegurar un continuo suministro de glucosa al cerebro, la dieta debe aportar del 45 al 60% de hidratos de carbono, tanto de los complejos -cereales, pastas, pan, patatas, legumbres y hortalizas-, como de los simples -frutas-.

2 /3 del aporte de hidratos de la dieta están casi exclusivamente destinados al consumo para el cerebro.

El cerebro sólo puede utilizar glucosa.  Puesto que sus demandas son elevadas y en ocasiones compite con otros órganos por la glucosa, puede extraerla de la sangre o disminuír la absorción del resto de órganos para poder recibir más.

El resto de órganos pueden utilizar ácidos grasos para obtener energía mientras que el cerebro no.