¿Qué es la lactosa?

La lactosa es el azúcar de la leche. La leche de vaca contiene un 4,7-5 % de lactosa.
También se utiliza en la industria alimentaria ampliamente como aditivo en múltiples productos.

Al igual que el azúcar común -o sacarosa-, la lactosa es un disacárido, es decir que está formada por dos sacáridos. La lactosa está formada por galactosa y glucosa:

La digestión de la lactosa ocurre gracias a las enzimas de la membrana de las células intestinales.
Estas células contienen lactasa.

La lactasa intestinal es la enzima digestiva que rompe las moléculas de lactosa en galactosa y glucosa.
Es la enzima más abundante en las primeras porciones del intestino delgado, en duodeno y yeyuno, y menor actividad cuanto más nos acercamos a su última porción, al íleon.

Tras la acción de la lactasa, la lactosa se convierte en dos monosacáridos: galactosa y glucosa.

Ambos son transportados al interior de la membrana celular intestinal por transporte activo acoplado a re absorción de sodio: se realiza con gasto de energía con intercambio de sodio.

Ideologías a parte, las bebidas vegetales no son alimentos equivalentes a la leche de vaca y por tanto no son sustituíbles.

Digestibilidad de la lactosa a lo largo de la historia

Durante la última glaciación la leche era casi un tóxico para el hombre, ya que al contrario que los niños, el adulto carecía de la lactasa, la enzima intestinal imprescindible para digerir la lactosa de la leche.

A medida que el hombre comenzó a tener granjas y abandonó la caza y la recolección hace unos 10-11 mil años, el hombre comenzó a digerir la lactosa, en parte gracias a la fabricación de quesos y yogur. Es el Neolítico.

Varios miles de años más tarde, hace unos 7.500 miles de años, una mutación genética se extendió por toda Europa permitiendo producir lactasa intestinal y por tanto digerir la lactosa de la leche.
La adaptación abrió una nueva fuente de nutrientes que pudo haber mantenido poblaciones en tiempo de malas cosechas. Algunos investigadores creen que la mutación permitió una descendencia más fértil.

Las poblaciones del sur pudieron colonizar rápidamente áreas del norte de Europa como Grecia o los Balcanes, y pudieron desplazar a otras poblaciones que seguían siendo cazadores y recolectores.

Esta migración poblacional dejó en Europa una herencia genética: la de poder digerir lactosa.

Sólo unos mil años más tarde la mayor parte de la población europea podía digerir la leche, al contrario que en otras regiones del mundo.

No se sabe si la mutación genética que permitió la digestión de lactosa vino dada a la vez que el hombre se asentó y se volvió granjero o si se produjo espontáneamente. En cualquier caso esta adaptación permitió una ventaja sobre los recolectores y cazadores.

Mientras que hasta hace poco se pensaba que la población granjera del Neolítico era consecuencia del asentamiento de los cazadores y recolectores, hoy se sabe casi con certeza que son dos poblaciones diferentes.

Intolerancia a la lactosa

En el total de población mundial se calcula que sólo el 35% de la población puede digerir lactosa a partir de los 7 u 8 años.

Todos los niños hasta los 7 u 8 años poseen la habilidad de digerir lactosa.

La intolerancia a la lactosa se define comos un conjunto de síntomas intestinales que siguen a la ingesta de lactosa en personas con déficit de lactasa -la enzima intestinal que digiere la lactosa-.

La intolerancia a la lactosa puede ser de varios tipos y puesto que la actividad de la lactasa disminuye con la edad, se hace más evidente cuanto más adultos, siendo mayor en ancianos.

Las personas intolerantes a la lactosa no pueden consumir un vaso de leche sin tener malestar digestivo casi inmediato. Sin embargo la inmensa mayoría pueden tolerar pequeñas cantidades de lactosa junto a otros alimentos.

Tipos de intolerancia a la lactosa

La intolerancia a la lactosa puede ser de tres tipos: primaria, secundaria o funcional.

  1. La intolerancia a la lactosa primaria se da en personas sin ninguna enfermedad intestinal. Existe una forma más rara de déficit de lactasa que se da en niños y otra más habitual en adultos.
  2. La deficiencia secundaria se produce en personas con alguna patología intestinal o tras períodos de reposo absoluto del tracto intestinal como ocurre en pacientes con alimentación parenteral o pacientes que no ingieren alimentos durante días.
  3. La deficiencia funcional a la lactasa se da en pacientes que presentan un rápido vaciamiento gástrico -por ejemplo los sometidos a gastrectomía-, lo que hace que a pesar de que la actividad de la lactasa es normal, el tiempo de contacto de la enzima con la lactosa es insuficiente.

La intolerancia a la lactosa es más frecuente en personas de origen mediterráneo, raza negra y asiática, judíos e indios norteamericanos.

Muchas de las personas que se consideran intolerantes a la lactosa no presentan intolerancia. Busque diagnóstico Médico.

Síntomas de intolerancia a la lactosa

Cuando la lactosa no es correctamente digerida se queda en el intestino y retiene agua, que puede producir diarrea.
En el intestino grueso es fermentada por las bacterias del colon produciéndose ácidos grasos de cadena corta y gases como dióxido de carbono e hidrógeno.

Los síntomas incluyen dolores y calambres abdominales, diarrea retortijones... y la gravedad depende de la cantidad de lactosa ingerida y la tolerancia individual.

Diagnóstico de intolerancia a la lactosa

El diagnóstico de intolerancia a la lactosa puede determinarse de varias formas:

  • Historia dietética que relacione la ingesta de lactosa con los síntomas. Método poco fiable, requiere una historia del paciente muy extensa (y más tiempo que no se le dedica). Es más complicado si se realiza con la aparición de los síntomas o a posteriori.
  • Ensayo de dieta restringida en lactosa y esperando la desaparición de los síntomas. Es poco práctica, muy costosa, dificultosa, requiere cambios dietéticos innecesarios y costosos, necesita mucha atención del paciente…
  • Biopsia intestinal para medir la actividad de la lactasa. No es frecuente en el diagnóstico en atención primaria.
  • Test de hidrógeno espirado. Es una prueba en la que se administra lactosa al paciente (normalmente 50g) y se mide el aire espirado. Los intolerantes producen más hidrógeno del normal, debido a la acción bacteriana por la presencia de lactosa que no puede ser digerida.
    Es el método clásico para diagnóstico médico.

Problemas de no consumir leche

A medida que avanza la edad y nos volvemos más mayores, la actividad de la lactasa intestinal suele disminuir, a veces hasta desaparecer. Esto hace que muchos ancianos no toleren bien la leche o no la toleren tan bien como de joven.

La actividad de la lactasa intestinal también disminuye en personas que no consumen leche ni alimentos con lactosa por un tiempo. El cuerpo deja de producir lactasa poco a poco hasta que su producción es tan baja que nos vuelve prácticamente intolerantes a la lactosa.

El timo de las bebidas de soja

Que la actividad de la lactasa intestinal se vuelva “perezosa” con el tiempo, es un hecho bien conocido por las empresas fabricantes de bebidas de soja.

Así, cuando consumes bebida vegetal y tras un tiempo pruebas leche de vaca, es más probable que siente mal porque ha dejado de producir lactasa intestinal. Esto hace que la persona refuerce su idea de que la leche de vaca es mala porque le sienta mal.

Pero ese es solo uno de los problemas con la bebida de soja:

  1. lo más importante es que no es equivalente nutricionalmente, ni similar ni intercambiable a la leche de vaca.
  2. la mayor parte es soja de cultivo transgénico de EEUU.
  3. contiene anti nutrientes que impiden la absorción de minerales esenciales como el calcio que precisamente aporta la leche.
  4. se ha demostrado que no baja el colesterol ni mejora síntomas de la menopausia, dos de las principales razones que los fabricantes siempre han usado para defender su consumo.

En resumen

  1. No dejes de consumir leche de vaca
  2. Si sospechas intolerancia, acude al médico para su diagnóstico.
  3. No elimines alimentos con lactosa de la dieta sin haber sido diagnosticado de intolerancia
  4. Nunca uses bebidas de soja ni bebidas vegetales como sustituto de la leche.
  5. En principio no existe razón justificada para seguir una dieta sin lactosa sin haber sido previamente diagnosticado de intolerancia a la lactosa.
  6. Seguir una dieta sin lactosa no mejora la digestión de las personas que no padecen intolerancia, ni hace que su digestión sea “más ligera”
  7. Si ha sido diagnosticado de intolerancia a la lactosa busca consejo por un Dietista Nutricionista.

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Consejos para intolerantes a la lactosa

Antes de seguir una dieta sin lactosa es imprescindible asegurarse de que se es intolerante mediante el correspondiente diagnóstico médico.

La restricción de lactosa en la dieta limitará la ingesta de leche y alimentos lácteos, que resultará en déficits de calcio, riboflavina y vitamina D, especialmente en personas que tienen requerimientos más altos -niños, adolescentes, embarazadas, lactantes-.

En estas circunstancias hay que considerar la suplementación de calcio y/o vitamina D para satisfacer los requerimientos.
No suele ser necesario suplementar con riboflavina dada su presencia en otros muchos alimentos.

Consulte con un Dietista Nutricionista

La mayoría de los pacientes diagnosticados presentan una intolerancia parcial que les permite tomar pequeñas cantidades de lactosa.

Estudios demuestran que una taza de leche al día no agrava los síntomas abdominales en la mayoría de los pacientes y que raramente es necesaria una dieta exenta por completo de lactosa.

  • Pruebe a tomar una pequeña cantidad de alimento que contenga lactosa y aumente la cantidad a medida que la vaya tolerando.
  • Intente elegir lácteos enteros (no desnatados) ya que pueden ayudar a hacer la digestión y vaciamiento gástrico más lento y puede que permita una mejor digestión por la lactasa intestinal.
  • Pruebe los yogures, kefir o leche con bacterias o microorganismos VIVOS, ya que gran parte de la lactosa ya se ha digerido.
    No valen los pasteurizados después de la fermentación, los que duran varios meses sin refrigeración.
  • Varíe la fuente de bacterias lácticas que ingiere: cambie de marcas.
  • Si evita los lácteos y derivados, asegúrese de llevar una alimentación rica en otros alimentos con calcio.

No sustituya la leche por bebidas vegetales: no son equivalentes. En su lugar, beba leche sin lactosa.

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